El la miraba con la misma intensidad de siempre, ella desviaba esa mirada con el mismo miedo de siempre, pasaron unos segundos o quizás días y ahora el tenía miedo y ella insistía con la mirada.
Solo eran ellos sentados sin poder hablar, no era de día ni de noche, no era tarde ni madrugada era solo un momento era su momento. Sin más se abrazaron y se perdieron entre besos y caricias no hablaban pero recordaban.
La primera vez que se vieron y lo pequeños que ambos eran, de cómo inocentemente supieron que siempre serian importantes, del primer beso del coqueteo de cómo rosaron sus manos por primera vez de cómo sus miradas jugaban a quererse, ellos no fueron consientes pero algo los separo, quizás ¿inmadurez? Sin embargo siempre estuvieron presentes, de algún modo y por algún motivo.
Se perdieron; el le danzaba a la tierra y ella a la luna, de vez en cuando pensaban el uno en el otro pero no con la misma intensidad hasta que un día la luna miro a la tierra suplicante y la tierra supo que era el momento de volverlos a encontrar, sin embargo algo paso y se perdieron en el encuentro.
Un día cualquiera, retomaron el camino y se miraron con la misma intensidad con la misma inocencia solo que un poco revolcada, la luna dio su máximo esplendor y la tierra vibro más que nunca. Se dijeron amor, se tomaron de la mano y emprendieron un camino, un camino que ella desvió, el no dijo nada y sus miradas se extraviaron la luna suele suspirar porque extraña a la tierra.
Y así a sido desde entonces se pierden pero siempre se encuentran, ahí que dejarlos que se besen, que se toquen, que se amen, ellos no saben su futuro pero tampoco lo ansían, dejemos que lo terrenal se pierda y los sueños vuelen, que se pierdan y se vuelva a encontrar una y otra vez, y si algún día se pierden definitivamente que no sufran y si se encuentran para siempre que se amen.
El la mira, ella lo besa, ambos rien y beben vino mientras Louis Armstrong canta “La Vie en Rose”
Dedicado a Ivan Corano García, por ser la inspiración a esta corta tonta & cursi historia, a y por el sillón y por comer pastel y por decir las palabras adecuadas en el momento idóneo!
-Bellos son tus versos y en verdad que no pierdo nada si te doy un beso por ellos.
ResponderEliminarLe atrajo hacia sí con los ojos; él ínclino su rostro sobre el de ella, y puso su boca sobre la otra boca, que parecía un higo recíen abierto. Le besó largamente, y con profundo asombro sintío como le enseñaba, cuán sabio era, cómo le dominaba; lo rechazó, le volvió a atraer a sí, y siguió una serie de besos, todos diferentes unos de otros.